«Esta va a ser la primera vez que me declaro a alguien. Y he pensado que no pasa nada, que me gustas y que me gustas independientemente de que yo te guste a ti o no. Que me gusta la idea de que existas en el mundo, que creo que con eso ya debería valer. Me gustas como idea, me gustas como unidad y no me vas a gustar menos si me rechazas. Me va a entristecer mucho, pero que eso a ti no te va a hacer peor y eso me gusta. Me gusta no depender de tu mirada porque yo ya estoy un poco cansada de depender de la mirada de los demás y no me apetece más. Y ahora que lo estoy pensando, va a ser mejor si no te gusto porque eso va a significar que el amor es completamente mío y no una respuesta a tu mirada, ¿me explico? ¿Sabes qué pasa? Que durante mucho tiempo yo he preferido la literatura a la vida, la ficción a la vida, la fantasía a la vida y ahora ya no. Y en la fantasía yo soy buena, de verdad que lo soy, que corro en la dirección contraria a la realidad con una fuerza fascinante. Yo le huyo a la realidad como a la muerte. Pero, mira, ahora quiero un amor real contigo. Si es que al final todo es muy sencillo, muy, muy sencillo. Hay obras de teatro enteras para decir cosas muy sencillas».
Esto de Irene Escolar en Las chicas están bien.
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Pienso en diversas ocasiones en esa extraña mirada freudiana a la que a las mujeres se nos ha condenado en todas las ficciones que he consumido: la mujer como un continente oscuro desde la óptica masculina, desde el deseo masculino.
Hace años que trato de desligarme de ello.
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Cuando ocurre un evento histórico y trascendental, pienso en ti y en cómo lo analizarías, en cuál sería tu opinión y si me censurarías por la mía, si discutiríamos, si llegaríamos a un acuerdo o a alguna conclusión, si sería imposible dialogar contigo, si seríamos un frágil reflejo de la muerte de las ideologías, si seríamos equidistantes y sumisos, si ya no existiría relato entre tú y yo. A veces siento que estoy hablándole a un vacío desértico e ignoto.
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Encontrarnos en lugares inestables y liminales: una herida también es poder.
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Creo con firmeza que es importante conocer a tus veinte años un amor que te quiebre, un amor que te fundamente y te estructure, un amor que pueda herir para, después, poder integrar este dolor en tu cotidianidad. ¿No lo sabes? Yo soy tú, pero tú también eres yo, con todos esos misterios insondables bordeándote y todos esos matices que amamos y odiamos simétricamente. Ya no sé si mi identidad te pertenece y no sé si tu identidad me pertenece.
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Creo que en mi mente eres mejor de lo que realmente fuiste. Cuando la mente se enfrenta a algo no resuelto, necesita completar los huecos para sistematizar, para encontrar una estructura lógica, un cauce potencialmente marginal. Pero aquí no puede haber estructura lógica, solo memoria, vacíos y ficción.
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Cuando escribo del dolor, me enfrento a su agotado campo semántico, al perdón y al no perdón como formas simétricas e igualmente válidas para vivir el amor como experiencia radical: te perdono porque te amo; no te perdono porque te amo.
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Antes de ir a ver Nouvelle Vague de Richard Linklater, volví a ver Á bout de souffle. En ella Jean Seberg contempla a Jean-Paul Belmondo desde una genuinidad casi frágil, casi pura, y le expresa: «Nos miramos a los ojos y no sirve de nada».
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Muchas veces me pregunto cómo puede vivir la gente sin poesía, sin literatura, sin ficción; cómo expresan lo que está vedado expresar; cómo manifiestan que aman, que odian, que se mueren por dentro, que sienten miedo, angustia y rencor, que se mueren de amor, que pueden esconder en estas palabras una suerte de confesión inminente, que escribí esto atropelladamente en un salón de diez metros cuadrados en una ciudad a la que amo, pero que simultáneamente me rechaza y me expulsa, mientras pensaba secretamente que ser frágil y tierno en este mundo caótico y disperso puede ser revolucionario y transgresor; que no mentí, que me equivoqué, que me equivoqué, que me hirió, que no supe contener mi vanidad, que te permití —te permití— regular tu ego a través del pasado, que jugué —claro que jugué—, porque este blog es poesía y es literatura y es ficción.