viernes, 13 de febrero de 2015

Descubrirás por el peso del tiempo que unos días naces fuego y otros sientes como ceniza. Ser herida, morir como sutura.
Contarás los días que te levantaste y no recordaste -que serán, en todo caso, los más mínimos-, llorarás por los dedos, por los huecos, reventando la carne, oxidando promesas, preguntándote si quisiste tanto como te dejaron, si te quisieron tanto como mereciste -como debieron, como pudieron.

Reflexionarás automáticamente porque no te lanzaste -si tú sabías que aquel chico quería trato- y te enganchaste, y te enganchaste. 

Aquel mensaje que nunca le escribiste: sé y hazme ser.

Y nos deshicimos. 

lunes, 2 de febrero de 2015

Hoy no he salido a la calle y he terminado haciendo la lucha -constante, imprecisa- desde la cama. La retina empapada de películas progresistas, las consignas pegadas a la pared. Les imploro que la vida no me deje aburguesar -que no pasarán, que si la lucha, que si la izquierda, que somos mayoría, que contra el gobierno de los banqueros y de los ricos y que debemos continuar la lucha hasta tumbar los planes de la derecha- que la vida nunca me deje ser sistema. 

Hoy no he salido a la calle, tampoco he leído poesía ni prensa

(y no las he necesitado 
porque sé que el país continúa siendo un error
y que tú sigues estando tan lejos
que inspira)





viernes, 2 de enero de 2015

Hay días que apremia la necesidad de escribir,
son los días donde más triste me siento.
(Siempre me dijeron que esta tristeza congénita
me hacía los ojos más brillantes.

Yo siempre les contesté que fue el amor).

Es verdad que, como cuentan por los pasillos de la facultad,
se me ha agarrado la tierna y febril imagen de la nostalgia a ellos.



lunes, 15 de diciembre de 2014

De los amores contrariados

Se nos escapaba la complicidad por las costuras por rompernos y querernos dinámicamente en cuerpos tan reducidamente estáticos.

A la manera de Cortázar yo me enganché de tu boca porque era la salida más precisa de este mundo, tú me hablabas del progreso y de viejas consignas, de himnos caducos y banderas oxidadas. Únicamente esta certeza: el mundo empieza en tu boca y termina en la palabra.


  

martes, 9 de diciembre de 2014

Yo creo en Dios
y elijo creo porque no sé si lo creo,
y por eso no digo afirmo Dios o sé Dios.
No tengo certeza de Dios.

Descreo cuando veo la estratificación del mundo,
el primero como opulencia,
el tercero como una sombra.
No hay vías de desarrollo porque están capitalizadas
o sacrilizadas. Yo no encuentro la diferencia.
El Vaticano tampoco. Capilla Sixtina, 16 euros.
La pobreza en el mundo se extiende fría y robotizada.

Descreo cuando hay una guerra y maneras de
justificación. Superpotencias que necesitan
ofrecer una salida a su armamentística.
Entonces Dios se me torna subversivo
y reniego de su palabra.
Hágase tu voluntad en la tierra.

Descreo cuando Dios se torna jerarquía rancia,
cuando abortan mis derechos,
cuando legislan en mi vagina,
cuando cercenan LIBERTAD,
cuando Dios se vuelve dictador
y quieren que crea en la piedad.

Descreo cuando el pueblo sufre y llora,
cuando se le mata en las trincheras
y hay alabanzas a los asesinos (bajo palio)
y perdón en fosas comunes.
Entonces Dios se me torna fascista y humillante,
vomitivo.

Yo creo en Dios
y elijo creo porque no sé si lo creo,
y por eso no digo afirmo Dios o sé Dios.





domingo, 30 de noviembre de 2014

Escribo por impulsos.

De verdad te prometo que el mundo no es esto:
la       c     o     n     s     t     a     n     t    e   dilatación de la espera,  el sabor amargo del paladar del whisky rancio, las canciones desgastadas. Te prometo que el mundo se reduce a unos ojos donde el vértigo solo se siente en las entrañas.


Y saltar.


¿Qué se escribe con tanto miedo? ¿Quién se rompe con tanto miedo?






Eme



martes, 25 de noviembre de 2014

.

La ciudad arde.
La gente camina con paso dispuesto,
no se miran, no se tocan.
El peso de la sociedad cae
a bocajarro.

Hay obras en el banco de la calle principal,
insignias dedicadas a caciques,
la democracia predispuesta en la boca
como balas,
como refugio de fascistas,
movilizaciones, policía.
Se miran, se tocan.

Aquí yace el despropósito.

Camino por una ciudad que arde,
cruzo semáforos en rojo,
alguien grita, alguien gime,
llueve, tránsito.

Hay amores virulentos,
personas dejándose en otros,
tragedia, desgana, llanto,
llanto, llanto, tanto llanto
que quererse es un acto revolucionario.

Hay literatura, lecturas de Peri Rossi,
Gioconda Belli; rutina, días precipicio,
noches de lecturas, agobio, calor, calor.
Vivo en una ciudad incendio.

Se desliza la nostalgia por mis ojos,
sacudo mis instintos, estallo.
Jamás podré ser como se espera:
no sé gestionar ausencia,
digiero el deseo a quemarropa,
tengo tristeza líquida acumulada en la garganta.

Habito una ciudad que es fuego.

Sin ti.



"¿Cuándo vas a venir (otra vez)
por aquí?"

(Quique González)














jueves, 20 de noviembre de 2014

No es tarde para la contención,
tu boca clausurando mi boca,

La fiebre, el desprecio, el latido.
El golpe.
Quiero que me leas lento.

Se me cae la literatura de los ojos al perderte 


puntualmente.




martes, 11 de noviembre de 2014

Me gustas tú y el brillito de educación pública de tus ojos.
Siempre nos dijeron que había que empezar
d i n a m i t a n d o.

Cuando voy a la biblioteca y miro a sus ojos,
y pienso en qué persona se estará muriendo uno
para salvarse de todos,
cuando pienso que el problema o la solución
no es que quiera perderme
c o n t i g o
sino que no quiera encontrarme con
o t r o s.

y cuando pienso en que me gustas tú
y ese brillito de educación pública de tus ojos.

sábado, 1 de noviembre de 2014

La tarde.
En mi casa,
se cantan los goles 
desde mi infancia
del equipo descosido 
pero provisto de valentía
-que es quizás lo que me lleva
a blasfemar contra la cobardía-
igual que...
Por la noche 
me descoso entre copas
que me conducen
a escribirte todos los mensajes
que relego a borradores
-jamás acepté la
derrota diaria.

Es atroz la contradicción.

La madrugada.
Los latidos acumulándose
en el pecho.
Cuando grito a todos 
que el verso de Benedetti
porque te tengo y no
debería haber sido mío.

(al menos esta noche
al menos estos días)

Qué puta la distancia y las ciudades que la cobijan