miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los ojos negros,
la piel caliente,
la cobardía intacta,
el amor compacto,
la vida a medias.


Porque creo que en este eterno desencuentro 
hay química, imán,
dialéctica.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Despedirte de alguien es como abandonarse de un lugar.
Guardar en la maleta del olvido los recuerdos desprendidos,
las ganas ajadas por el tiempo,
las promesas ya oxidadas,
el tedio envejecido,
el sabor a limón en las comisuras,
las vistas en primera línea a tus ojos
oceánicos,
sin tristes redes,
sin rojas señales.

Necesito un espíritu que me amanse o que me aboque frenéticamente a la revolución.

Yo jamás seré como el pasado que te dio de beber.

Y de repente, el frío. 


domingo, 3 de agosto de 2014

Yo siempre termino sobre el patetismo del yo, el ingenioso y cándido autodominio, la cruda y trasgresora aceptación de lo que nunca se es, de la única forma en la que todas las creencias terminan subvertidas; concentramos a Dios en un vaso de tubo de cualquier sábado, sin labio, sin llaga, con gen.
Cuando leo gestiono ausencia, cuando escribo digiero deseo.

Fue divertido.


Sé que no me vas a buscar



Pero ojalá me encuentres.

Porque
todos los programas son políticos,
todas las casas son de citas,
todos los perros son andaluces,
porque todas las carnes son verbo,
todos los cuerpos son tú.


lunes, 7 de julio de 2014

Nunca conozco la palabra precisa cuando necesito descargarme de mitos mal curados y amores heridos. Quizás hoy no te escriba sobre la forma de quererte terca y asfixiante que guardo insistentemente en el pecho, en la garganta, en los párpados; tampoco sobre el método persuasivo para que te abandones conmigo puntualmente y me descubras ajena a mí misma, rozando con los dedos la locura, el desastre sin conciencia. Quizás me crea todas las promesas oxidadas.
De un tiempo a esta parte no hago más que leer incansablemente a García Montero. Todo conduce a los vagos recuerdos de amores transitorios, las bocas que besé sin desear, el deseo frustrado por no besar a bocas por las que me partí el labio, la soledad apretando incansablemente pero descubriéndose a mí -no planteo de otra forma el amor desmedido.

Todo es tan violento.

Me duermo tarde. Madrugo. No me aprovecho. Reflexiono sobre ti y sobre mí. Discutimos mucho. Nos matamos por cuestiones graves y por asuntos menores. Nos dejamos el cuello, el labio, nos enredamos sin argumentos pero nos enredamos. La defensa de las verdades sólidas alojadas en batallas enconadas, nuestros principios quizás transmutados en dogmas, la puta creencia de que si te grito que verme derrotada por tu lengua es una forma de subversión poética acabaré siendo desalojada de tu vida. Es necesario escribir sobre el miedo. Nuestra forma de discusión es encarnizada, desmedida, pasional, asfixiante, sangrante. Cuando yo te exijo por encima de tus miedos y acabo mimetizada en duda. Cuando tu me exiges que mitigue mi alma y yo te ofrezco disparates.

Todo esto es tan contingente
pero tan necesario.


sábado, 21 de junio de 2014

Hace días que pienso en toda la vida que dejamos escapar, las metas inalcanzables donde sufrimos el alma -si acaso existe la metafísica física-, en el sentido recto del camino aunque arrojemos resquicios de nosotros mismos en cualquier curva. Hace días que es sábado y a mí me hierve la piel.
Salgo a la calle y me aboco a la imposibilidad de teneros, nos asfixiamos con la contaminación de las promesas que hacemos a la ligera, aun sabiendo que después la indecisión no justificará la derrota: ¿quién se atreve a sostener que mi corazón no es una locura?

Hace días que pienso en la mudanza de los sentimientos, la eterna y honda decisión del no volver a escribirte, de la mañana sin poemas a los que aferrarse, más pulmonar, más racional, menos palpitante, menos sanguínea, menos viva. 
Hace días que pienso en la mudanza de los sentimientos, la prolongada decisión del no volver a llamarme, de las noches sin despedidas -a mí me da un vuelco el corazón cuando me dejas sin avisar-, más grávido, más debacle, más relámpago, menos luz. 

Recorro librerías con la idea de encontrar tu nombre en cualquier lomo, tus letras impresas en mis párpados, la agonía aleteando en la mente, la firme idea de que me habrás cambiado por cualquier señorita de labios rosas y mirada primaria, básica, con el talento desgastando los tacones, con el pubis característico de las muñecas de porcelana, con la idea interiorizada de que una poema sirve para decorar y no para cambiarte y quererte.

Hace días que pienso en todo lo que me estoy vedando a mí misma, la ley seca del deseo acechando en mis bares tomando copas con la insulsa creencia de que te alejarás de todos y me buscarás -vivo en el número 7, calle Melancolía-, la terca idea de que siempre existirá algún impedimento para tocarte acosándome.

Nunca supe escribir más por la creencia de la pérdida del tiempo en palabras rígidas que se adhieren a las paredes de los espacios de la incomprensión.  Porque te tengo y no. 

Es terrible
terrible
-t e r r i b l e -
se me deshace el deseo en las manos, las emociones se quedan a medio digerir.







domingo, 15 de junio de 2014

Ni siquiera

Tú no sabes qué es quedarte mirando
la misma sombra de la pared
durante horas,
llorar sobre la almohada
a hombres distintos,
llorar a una casa que
no encuentra
raíces
-que quizás nunca las tuvo-,
sentir el calor de las lágrimas,
sentir la derrota oprimiendo la garganta,
digerir el vacío y asimilar la plenitud
que jamás lograré alcanzar contigo.


Hay noches en las que escribo para vivir
y hay noches en las que vivo para escribirte.
Yo no encuentro la diferencia.


Hoy ni siquiera la poesía.

domingo, 18 de mayo de 2014

En esa etapa de mi vida yo solía arrojarme a las barras mustias de los bares, con la sonrisa a media asta y la química encendida, con esa misma actitud descosida del desgobierno propio y la soledad palpitante y sanguínea.

con ansias de que me estés envenenando

Callaba y fumaba a partes iguales; lo trascendental se resumía en tardes de Pessoa y noches de Mutis. Sentía el vacío tan propósito de mí que llegaba a creer que dormía con él. Veía vacío en todos los espacios que me conmovían: en los ojos de la dependienta, en las risas de contrabando, en la miseria dignificada en la universidad como emblema del cambio y del progreso (las mentiras progres que escuecen), en la sordina de los amores que no son amores, en la transitoriedad de la vida. Quedaba el vacío hasta en el frío anodino de mis relaciones personales.

quedó algo de nosotros en esos lugares

Comencé a diferenciar el tiempo en un antes de conocerle y el ahora. A veces la derrota como símbolo del ahora. A veces la victoria como símbolo del ahora. En esa etapa de mi vida yo solía arrojarme a su desastre, con la sonrisa a media asta y la química incendiada, con esa misma actitud de descontrol consustancial que ambos desprendíamos. Y nos encantaba.

Dios se ha largado sin pagar la última ronda

Aún recuerdo cuando empecé a hablarle de él a todos mis vacíos personales. Que él me llenaba el despropósito de pies y manos. De sobra supe que todos me lanzaron a un domingo imperdonable. No podíamos salvarnos. Decían. Como si nos importara.

¿Quién te hubiera quitado la pena?

A este sentimiento viral yo lo había bautizado como poética de la libertad. Quería gustarle por encima de ataduras y controles, por debajo de esperas innecesarias y destinos que morder.
Nunca he sabido retirarme a tiempo.

Seremos la noche entera aunque me quiebres lo que se espera de mí.







lunes, 12 de mayo de 2014

Me aterra la sola idea de todos los poemas que ya he vivido -por las noches yo los destripo y los desangro porque vivirlos es matarlos- y que se van abandonando en alguna dimensión de fuga, en algún vértice de la memoria trasnochada. Solo los versos que nos calan, hieren. 
Aunque a veces pienso que la memoria es la ineficacia absoluta del hombre.
Por si acaso yo decoro mis estanterías con todas tus oraciones:
Hazme pura, Señor, pero no todavía.


viernes, 2 de mayo de 2014

Hace días que pienso en todo lo que estamos dejando escapar y me asalta de madrugada la prófuga imagen de la desesperanza con llanto y con las ganas en el suelo y arrugadas. Yo ya viví este momento. Yo ya deshice esta opción. Yo ya deshago a los veranos venideros en poemas, con el asco y la fiebre concentrados, con falta de oxigeno y la boca sin oficio. Hay relámpagos en el pecho que me clausuran las puertas, las ventanas, cualquier punto de fuga. Dudo de salir indemne de la propia palabra indemne.


De tu boca.






viernes, 18 de abril de 2014

Hoy me aterra -me desespera- no alcanzar el clímax de las palabras, llorar en cualquier esquina, la subida del precio de las tasas. Es difícil combatir contra una misma, saberse impopular pero ineludible como cuando llueve en esta triste época y el pan sabe a desaliento. Pero acabamos claudicando y comemos y llovemos por dentro.
Hoy me angustian las necesidades irresolubles, que aterrizan en la carne como un temblor de tierra pero sin el mecanismo del amor que erigió Gabo, sabiéndose vacías y obscenas, latiendo de miedo o de indecisión, que yo no conozco la diferencia.
A veces, cuando me fundo en mis tristes crisis de existencia, me arranco la identidad y es entonces cuando la poesía no encuentra anclajes a mi boca y me desdigo de todo lo que afirmo pero tampoco afirmo todo lo que niego. Tengo miedo y necesidad. A partes iguales. Me he construido a base de romances musicalizados, de versos titubeantes de ciudades que me volvieron más cínica y egoísta -la injusticia de la justicia del consigo- y que ya no creo en nada y tengo la fe abarrotada de falsos Mesías. Porque la procesión, señores, va por dentro. 

Hay veces en la vida en la que una tiene que ser justa.
Y que me echo de menos, coño.
Que te echo de menos, también.



Hay método en algunas locuras.



decisión.
(Del lat. decisĭo, -ōnis).

1. f. Determinación, resolución que se toma o se da en una cosa dudosa.



Esta tarde extraigo unos versos de Gabriel García Márquez. Se nos están yendo los mejores y veréis el miedo cuando nos miremos a los ojos y solo alcancemos a ver decadencia:

Lo único que me duele de morir es que no sea de amor.