domingo, 16 de agosto de 2026

33 (domingo)

Entra por la ventana de mi piso de Madrid un débil rayo de luz que se asienta sobre el libro Stoner de John Williams. Alumbra imperceptiblemente la portada y yo lo contemplo desde el sofá como una manifestación de deidad. Observo con detenimiento lo que me rodea, este desorden tan ordenado: una biblioteca apilada sin ningún sentido, fotogramas y guiones de películas que me conmovieron, una caja de cerillas con la bandera de Palestina que me vendió un transeúnte en Lavapiés hace un par de meses, vinilos de cantautores que me gustan, fotografías con mis amigos en una terraza cualquiera de Malasaña, ensayos de filosofía y sociología apilados en un montón inestable. Me da por pensar que este habitáculo también es mi identidad, que no sabría ser sobria ni superficial, que no concibo qué podría ser si no amase lo que amo.

No sé si hoy escribo por obligación o por tradición, pero sí recuerdo que, cuando el viernes llegué a Atocha, me recorrió una profunda pulsión de escribir. Me sucede que las ciudades en las que habito me inspiran, siento cierta necesidad de desbordarme aquí, de escribir sin miedo y casi sin control. Hoy tampoco me guiará una hoja de ruta, simplemente quiero exponerme, descifrar quién soy, reconocerme alguna vez y en algún momento y que no me asuste mi identidad; que me enorgullezca saber que fallé, pero que las decisiones que adopté me llevaron a ser una mujer de treinta y tres años completamente independiente y enamorada de esta vida caótica. 

Esta prospección del presente me hace viajar hacia el pasado porque guardo cierta tendencia a la melancolía y, a veces, miro de soslayo algunos mensajes que recibí, me conmuevo bajo el peso de una leve culpa y me recorre una esperanza que se desvanece paulatinamente. Me aferro, también, a esta vena poética que me conforma: hace años que no escribo poesía, le tengo demasiado miedo a este género, pero lo respeto y lo amo con una intensidad inflexible. ¿Quién sería yo si no me hubiese dejado herir por algunos versos? Quizás, una sombra, una desconocida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario