lunes, 17 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
Hablemos
Háblame de la figura de tu cuerpo. De poder suplantar a Stendhal por tu nombre en su síndrome. De explotar en tus manos. En tus jodidas manos. En tus delicadas manos. Háblame de un "Continuará en el próximo episodio" no de un "Esto es para siempre". Háblame de los labios que has bordado y no me hables de los que has amado.
No me hables de las noches etílicas, y háblame de todas en las que te has emborrachado conmigo. O de mí.
No me hables de tu cinética ni de mi praxis, esas dos eternas rivales. Háblame de este simulacro de no necesitarnos.
Háblame de un tú y un yo, pero nunca de un nosotros. Háblame de la vertiginosidad de tus deseos, del desencuentro de nuestros instintos.
Que yo solo conozco un cielo, y es el de tu paladar.
Que yo solo conozco un cielo, y es el de tu paladar.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Carta bomba
Escribes mejor cuando es para mí. Con tu retórica confusa. Con tu pasión. Sin aliento. Con arte funambulista que desciende por mi costado hasta tu ombligo, que en el quinto cielo de cualquier religión se engaña y se somete al ateísmo. Con garra. Sin fuerza. Que invertir en ti era una auténtica quimera. Pero ya ves, invertí, y el Jueves Negro de Wall Street solo fue un cosquilleo en la economía. Dime, ¿quién me va a rescatar ahora de estos silencios que una vez me pseudoprometiste, de estas pretensiones de frío que no nos calan ni nos hieren por miedo a excedernos? Y me excedí, como una gata sin dueño, buscando a cualquiera con hedor a marihuana y poesía en los dedos. El mismo Dios se jactó de mí haciendo humor negro de mi situación. Va una niñata, con aspiración de bohemia y se ata a un cualquiera. Humor negro, ¿eh? Y jodido.
Y tu vicio fue convertido en mi oficio, y aunque suene dogmático, maltrecho y autoritario a mí me gustaba. Me gustaba oler a tu colonia por la mañana, que mi pelo fuese una enredadera de recuerdos por donde trepaban tus dedos, que tus palmas se contrayeran con mis palmas y tus pies solo fuesen tercos y maleducados. Quédate, he hecho café para un mes, como hubiese deseado oír esto de tus labios.
Esa boca que es mía, podredumbre de besos,
Esa boca que es mía, que sabe a callejones sin salida,
Esa boca que es mía, que sabe a cigarro en las heridas,
Esa boca que es mía, que sin saber lo sabido,
Esa boca que es mía, hubiese sido prácticamente tuya.
Y tu vicio fue convertido en mi oficio, y aunque suene dogmático, maltrecho y autoritario a mí me gustaba. Me gustaba oler a tu colonia por la mañana, que mi pelo fuese una enredadera de recuerdos por donde trepaban tus dedos, que tus palmas se contrayeran con mis palmas y tus pies solo fuesen tercos y maleducados. Quédate, he hecho café para un mes, como hubiese deseado oír esto de tus labios.
Esa boca que es mía, podredumbre de besos,
Esa boca que es mía, que sabe a callejones sin salida,
Esa boca que es mía, que sabe a cigarro en las heridas,
Esa boca que es mía, que sin saber lo sabido,
Esa boca que es mía, hubiese sido prácticamente tuya.
martes, 28 de agosto de 2012
20
(Inspirada por Dieguitos y Mafaldas del maestro de Úbeda al que, quién bien me conoce lo sabe, guardo intacto en la cajonera de los versos, junto a la lencería.)
Veinte años al filo en camas separadas.
Veinte bragas que nunca estrené.
Veinte ojos que me desnudaron con la mirada.
Veinte zaguanes donde jamás me quedé.
Veinte mujeres que no supieron el significado de una "mujer"
Veinte vidas que jamás viviré.
Veinte hombres a los que me hubiese gustado calentar.
Veinte catarsis que no me supieron purificar.
Veinte años al filo en camas separadas.
Veinte años jurándote querer.
Veinte líbidos en las trincheras del morbo
Veinte años de mitos mal curados, leyendo Dieguitos y Mafaldas.
Veinte años al filo en camas separadas.
Veinte bragas que nunca estrené.
Veinte ojos que me desnudaron con la mirada.
Veinte zaguanes donde jamás me quedé.
Veinte mujeres que no supieron el significado de una "mujer"
Veinte vidas que jamás viviré.
Veinte hombres a los que me hubiese gustado calentar.
Veinte catarsis que no me supieron purificar.
Veinte años al filo en camas separadas.
Veinte años jurándote querer.
Veinte líbidos en las trincheras del morbo
Veinte años de mitos mal curados, leyendo Dieguitos y Mafaldas.
lunes, 27 de agosto de 2012
Fatiga
Voy a atreverme a reventar tu sistema en un solo segundo: ¡Eres un jodido anarquista en el sexo, pero un mísero cobarde en el amor!
Léeme, léeme, te obligo a que me leas y te derrumbes.
Léeme, léeme, te obligo a que me leas y te derrumbes.
Yo no quiero teorizar acerca de lo subversivo que es el sexo, ni quiero que desgastes mi ropa a base de verdades universales. Yo no quiero que deslices tus dedos por mi costado con el único fin de satisfacernos o de amaestrar el vértigo de mis curvas. Yo no quiero sudar sin concebir, ni revolución en tus pestañas, ni follar, ni ausencia, ni resaca de ti. Yo no quiero que deslices dos dedos por mi vientre, me devores por dentro y me hagas crecer. Yo no quiero enfrentarme a la ofensiva que esgrime tu boca. Yo no quiero muro de Berlín entre nuestros instintos, ni verdugo, ni piedad. Yo no quiero que las palmas de tus manos me recorran sin sístole ni diástole. Yo no quiero morir por amor ni por enfermedad. Yo no quiero huir en trenes a medida. Yo no quiero podredumbre de domingo, ni latón de corazón, ni gemidos. Yo no quiero ni Hobbes. Ni Maquiavelo. Ni Descartes. Yo no quiero la muerte de tu Dios, ni la muerte de Nietzsche, ni tripis, ni postales. Yo no quiero que refutes mis ideales, ni te aferres a mis calamidades, ni impongas como dogma mis habilidades. Yo no quiero domesticar a tu ego, ni ejercer el papel de mártir por un beso, ni crucificarme en tu lecho con el único pretexto de entreabrir mis secretos. Yo no quiero desahucio ni alquiler, ni interponer demandas, ni ser tu clavo ni tu juez. Yo no quiero lamer tus heridas, ni pan para hoy ni hambre para mañana, ni refranes en tus labios, ni poesías en el alma. Yo no quiero escuchar tus mítines de revolucionario, de honestidad al límite, de comunismo de bar. Yo no quiero ateísmo, ni fe descuadrada, ni rincones (polvo)rientos, ni llagas infectadas. Y si vas a darme todo esto...
Lo único que yo quiero es decirte que eres un teórico de la hostia. Pero tu revolución sigue en standby y mis sábanas frías y comunistas. Creí que encarcelarme a alguien que citaba a Salinas y escuchaba a Sabina era alguien a medida, pero en el dossier de mis fracasos he apuntado tu nombre y es tan hierático como mis humedades.
Yo no quiero teorizar acerca de lo subversivo que es el sexo ni quiero que desgastes mi ropa a base de verdades universales.
Cóseme las llagas a base de relativismo, de carne de fe. Rómpeme ese jodido don que por un instante hizo un putonosotros. Pálpame hasta deshacerme.
Y después sigue teorizando.
Lo único que yo quiero es decirte que eres un teórico de la hostia. Pero tu revolución sigue en standby y mis sábanas frías y comunistas. Creí que encarcelarme a alguien que citaba a Salinas y escuchaba a Sabina era alguien a medida, pero en el dossier de mis fracasos he apuntado tu nombre y es tan hierático como mis humedades.
Yo no quiero teorizar acerca de lo subversivo que es el sexo ni quiero que desgastes mi ropa a base de verdades universales.
Cóseme las llagas a base de relativismo, de carne de fe. Rómpeme ese jodido don que por un instante hizo un puto
Y después sigue teorizando.
domingo, 26 de agosto de 2012
Lo bueno de idealizar es que, con algo de suerte, a ti te idealicen. Y ya ves, una inmadura bien idealizada gana bastante.
¿Sabes? Soy de esas que cuando le dice algo a alguien del pasado, o escucha una determinada música durante el proceso que implica el caos de las emociones, o escribe poseída por los efectos del alcohol no vuelve a repetírselo a ningún otro jamás. Llamadme romántica o psicótica, pero creo que existen determinadas palabras para determinadas personas.
Una carta.
Una canción.
Una película.
Una bebida.
Una marca.
Un ideal.
Un soplo renovador.
La carcoma que dejas.
Un "asómate al hueco de mi alma."
Un "deja de narcotizar tu recuerdo."
Un quizás.
Un "trafica con mis cuatro sentidos, te dejaste el tacto."
Un jamás.
Una duda.
Un "a solas soy tantas cosas que ni me he encontrado a mí misma."
Y, ¿sabes qué? Que difiero en que edites mis palabras como si fuesen un texto mísero y vacío, porque todo lo que te escribí fue para ti.
¿Sabes? Soy de esas que cuando le dice algo a alguien del pasado, o escucha una determinada música durante el proceso que implica el caos de las emociones, o escribe poseída por los efectos del alcohol no vuelve a repetírselo a ningún otro jamás. Llamadme romántica o psicótica, pero creo que existen determinadas palabras para determinadas personas.
Una carta.
Una canción.
Una película.
Una bebida.
Una marca.
Un ideal.
Un soplo renovador.
La carcoma que dejas.
Un "asómate al hueco de mi alma."
Un "deja de narcotizar tu recuerdo."
Un quizás.
Un "trafica con mis cuatro sentidos, te dejaste el tacto."
Un jamás.
Una duda.
Un "a solas soy tantas cosas que ni me he encontrado a mí misma."
Y, ¿sabes qué? Que difiero en que edites mis palabras como si fuesen un texto mísero y vacío, porque todo lo que te escribí fue para ti.
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